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3 de enero de 2013

El Comportamiento Humano


El Comportamiento Humano



El comportamiento humano en su totalidad son las acciones de las personas en el ambiente físico y social en el que se encuentra. 

Se ve afectado tanto por factores externos e internos, debido a esto posee variantes que le regulan, aumentan o disminuyen el rendimiento para con la sociedad a través del tiempo.

Dentro de los que pueden considerarse como factores que afectan el rendimiento, se tiene el stress, ya que este genera un desgaste en su capacidad laboral y así perjudica la producción. 

El comportamiento de la persona, puede llegar a caer dentro del rango de lo que es visto como lo común, lo inusual, lo aceptable y por fuera de los límites aceptables. 
 
En sociología el comportamiento es considerado como vacío de significado, no dirigido a otro sujeto y por lo tanto una acción esencialmente humana. 
 
El comportamiento humano no puede confundirse con el comportamiento social que es una acción más desarrollada y que está dirigido a otro sujeto. 
 
La aceptación del comportamiento es relativamente evaluada por la norma social y regulada por diferentes medios de control social.

Las disciplinas académicas que se encargan del estudio del comportamiento humano son la psicología, la sociología, la economía, la antropología, la criminología y sus diferentes ramas.
 
 
 
 
El ser humano ha evolucionado para ajustarse a un mundo diferente, un mundo que terminó hace 20.000 años. No hemos cambiado mucho durante este período, aunque parezca demasiado tiempo desde nuestra perspectiva. 
 
La prehistoria ocupa todo este período, desde los cazadores-recolectores a lo largo de los comienzos de la civilización, hasta las revoluciones agrícola, industrial y otras, y nos hemos acostumbrado a pensar que los seres humanos del siglo xx en la sociedad occidental somos muy diferentes de los que vivían en la antigüedad remota: los cavernícolas, los cazadores-recolectores y los que vivían justo antes de la revolución agrícola, mucho antes de la civilización. 
 
Esta presunción es la versión corriente del pensamiento conmocionado de los tiempos de Darwin, cuando los ciudadanos de la Inglaterra victoriana no podían simplemente adaptarse a la idea de que eran parientes de los monos. 
 
A la mayoría de los seres humanos les ocurre lo mismo: seguramente han trascendido las acciones y reacciones de aquellos salvajes incivilizados. Pero para cualquiera que sea consciente de los recientes descubrimientos sobre la evolución humana, nuestra escala del tiempo tiene que ser reajustada. 
 
Los seres humanos y nuestros antecesores han evolucionado durante un periodo que ha durado millones de años. 
 
Los últimos 20.000 años constituyen una insignificante porción de tiempo en términos evolutivos: no ha habido tiempo para aumentar el desarrollo de nuestras capacidades mentales, de nuestra capacidad para enfrentarnos a los desafíos del entorno, de nuestra capacidad para pensar, razonar y crear. 
 
Somos las mismas personas que fuimos diseñadas para vivir cuando nuestra especie la componían unos cuantos grupos de miles, que vagaban por las sabanas del este de África. Estábamos diseñados para responder rápidamente al peligro inmediato: los que vivieron suficientemente para generarnos. 
 
En nuestra época los peligros son de otra clase y nadie está preparado para contemplar 15.000 asesinatos durante la adolescencia. 
 
Nuestro mundo ha cambiado radicalmente en el periodo de nuestras propias vidas con la informática, los viajes espaciales, la amenaza de guerra nuclear. 
 
Todos estos cambios no tienen precedentes y sin embargo, tenemos el mismo sistema mental que teníamos desde hace decenas de miles de años; un sistema que intenta, frente a cualquier acontecimientio, mantener las cosas en orden, simples y claras. 
 
El ser humano es un animal que desea e intenta desesperadamente hacer su vida tan rutinaria y estable como le es posible, aferrándose a presunciones y paradigmas fijos, mientras que el mundo sigue cambiando ininterrumpidamente.
 
 
 
 
El Espacio Vital
 
 
 
 
Planteado por Kurt Lewin (1890-1947) quin fue influido por el psicoanálisis de Freud, por la escuela de la Gestalt y por su gran interés en la motivación.

Su tarea consiste en investigar el comportamiento del individuo en particular, dado que las generalizaciones pueden o no ser útiles para aplicar a un sujeto específico.

Según Lewin todos los hechos psicológicos, aunque se trate de un suceso aislado, están regidos por leyes.

La conducta para Lewin es la función de una persona en su ambiente y ambos elementos son variables dependientes entre sí.

Una persona percibe su ambiente en función de su estado de desarrollo, su personalidad y sus conocimientos y un contexto inestable lo hace inestable, de manera que para comprender el comportamiento de cada uno es necesario tener en cuenta todos los factores personales y del ambiente interactuando entre si, denominado en esta teoría espacio vital.

Por lo tanto todo comportamiento es una función del espacio vital y no responde únicamente a los estímulos físicos; porque el espacio vital está constituido por todos los factores no físicos y por las motivaciones, necesidades y demás elementos psicológicos de un sujeto.

Para explicar el funcionamiento del espacio vital, Lewin construye dos mapas del comportamiento de un sujeto

El primer mapa representa el espacio vital con los objetivos que el individuo tiene la posibilidad de alcanzar y las eventuales barreras que se podrían interponer entre él y su meta.

El segundo representa las fuerzas que actúan sobre el sujeto y que lo acercan o lo alejan de ella.

En el espacio vital los objetivos pueden tener valencias positivas o de atracción o bien negativas o de rechazo.

El resultado de esas fuerzas dan lugar a la orientación de la conducta; y las barreras que se interponen entre un sujeto y su meta producen frustración.

Para Lewin, el espacio vital incluye al individuo como ser orgánico, su aspecto psicológico, el contexto en que vive, sus relaciones sociales y experiencias objetivas, factores que actúan en forma interdependiente.

El aspecto más importante del desarrollo radica en aumentar la diferenciación de las partes del espacio vital que permanecen aún no estructuradas, como el mejoramiento del lenguaje, de las relaciones interpersonales, el manejo de las emociones, etc.

Estos cambios no se producen siempre al mismo ritmo sino en periodos que pueden llevar más o menos tiempo.

Durante las crisis, como la del adolescente, cuya característica es el cambio de la estructura del espacio vital, los cambios suelen ser rápidos en tanto que los períodos lentos, como la niñez y la adultez favorecen un mejor desarrollo.

Lewin introduce el concepto de dimensión de realidad e irrealidad. Con irrealidad se refiere a la fantasía, los sueños, los deseos, los miedos, etc.

Los niños por ejemplo, si son pequeños, no pueden distinguir entre realidad y fantasía, mientras el adolescente sabe la diferencia.

La inteligencia individual y la edad son factores que influyen en el grado de diferenciación o estructuración del espacio vital.

Todo niño depende de los mayores y de la estructuración de su ambiente y a medida que se desarrolla y aumenta la estructuración y diferenciación de su espacio vital, cada vez más se da cuenta que puede depender de si mismo.

Para lograrlo debe tener la libertad suficiente para incursionar en nuevas zonas y de vivir nuevas experiencias. Si esta libertad es coartada, el resultado será la rigidez de la personalidad.  

Por el contrario, si durante la infancia principalmente, el espacio vital no está estructurado la personalidad no estará organizada ni integrada. De modo que para evolucionar normalmente, todo niño necesitará independencia pero a la vez cierta dependencia que le brinde la estructura y orientación necesaria para el desarrollo normal de su personalidad.

Los estudios realizados demuestran que la mayoría de los niños desarrollados en ambientes estructurados, en la adultez llegan a tener personalidades más firmes, a sentirse mejor con ellos mismos y a poner todo su empeño en realizarse; en tanto que los que provienen de ambientes poco estructurados se suelen comportar en forma indecisa, son desconfiados, tienden a ser pesimistas y a asumir que existe la mala suerte.

Libertad y estructura dos términos que parecen opuestos pero que en la debida dosis constituye el binomio perfecto.





Adaptación al Medio Ambiente




Según Jean Piaget la adaptación es "La capacidad de modificar el medio ambiente según nuestros fines".  

Es decir, de organizar nuestras estructuras mentales todas las experiencias y sensaciones de adaptarnos al medio que nos rodea. 

En las primeras etapas de la vida (infancia y adolescencia) el proceso de adaptación funciona a pleno rendimiento. La escolaridad, educación y demás aprendizajes, no son más que útiles que el sujeto adquiere para adaptarse a la vida futura.

Posteriormente, en la edad adulta, en teoría disminuye el ritmo de adaptación. Se supone que el individuo ha llegado a la «madurez», alcanzando un determinado status social y mantienen un equilibrio con su medio ambiente.

Por último, en la tercera edad tiene que poner nuevamente en marcha sus mecanismos de adaptación para amoldarse a una situación indudablemente más penosa: el declive físico, la vejez y la muerte próxima.

Naturalmente, esta evolución no es tan sencilla como se ha expuesto. En cada etapa, de hecho, surgen infinidad de conflictos que pueden conducir a un terreno equivocado, provocando incluso situaciones patológicas, que son objeto de la psicopatología infantil, del adulto y geriátrica.

En términos muy generales, la adaptación psíquica es el acoplamiento psicológico a un cambio más o menos sustancial. Este cambio puede tener lugar en la persona misma (por factores endógenos) o en el medio en que ésta se desarrolla (por factores exógenos).

Entre los cambios endógenos más comunes están las enfermedades. El individuo, cuando está enfermo, ha de adaptar su psiquismo a una serie de circunstancias, como el dolor, el sufrimiento, el miedo a la muerte, la incapacidad física, etc. Un importante elemento a tener en cuenta en este terreno es el cronológico, lo que dure la nueva situación. 

No es igual adaptarse a una situación transitoria (enfermedad curable) que a una irreparable (enfermedad maligna y mortal) o bien, definitiva (enfermedades crónicas, parálisis, amputaciones, etcétera).

Y entre los cambios exógenos o ambientales más comunes se encuentran todos aquellos que tienen que ver con el ser humano como individuo social. 

Como tal, se ve en el deber, y muchas veces en la obligación, de adaptarse a una innumerable serie de ambientes y situaciones nuevas: la familia, la escuela, los estudios, el matrimonio, el embarazo, el trabajo, la ley, la economía, la nacionalidad, etc. 

Y cuando ha conseguido adaptarse, tal vez tenga la desgracia de perder el objeto que le impulsaba a hacerlo, teniendo que adaptarse de nuevo a otra situación: la pérdida de un ser querido, el fracaso en los estudios, el divorcio, el desempleo, el encarcelamiento, la ruina económica, la emigración, la guerra, los terremotos, etc.

Cuando el ser humano no es capaz de adaptarse a cualquiera de estos cambios (exógenos o endógenos), sintiéndose inadaptado, puede caer, de no vencer esta situación, en estados de estrés, neurosis e incluso en reacciones psicóticas.

Lo realmente importante para la persona inadaptada es la integración que consciente o subconscientemente hace, en su psiquismo, del problema. 

La inadaptación puede acarrearle desde una simple preocupación a la más grave depresión, pasando por todos los posibles grados de angustia y ansiedad. Y no digamos cuando llega al extremo de reacción psicótica: en tal estado puede producirse una desintegración de la capacidad de pensar con lógica.

Aunque en otros casos, tal vez no menos patológicos, la inadaptación no ocasiona la más mínima alteración emocional, como ocurre con los sujetos irresponsables y psicópatas. 

Sin embargo, en este caso, es más probable que la inadaptación sea una consecuencia inevitable de su carácter trastornado.